Todos los lunes ocurren cosas que hacen que tenga ganas de que la tierra me trague y así poder desaparecer de este mundo. Y este Lunes no iba a ser la excepción. Cuando llegamos a las clases de preparación el profesor nos espera con un examen de todos los tipos de pistolas que existen. GENIAL! voy a suspender, tenía que haber estudiado pero no me apetecía y ahora ¿este es el castigo que el mundo me ofrece?, que capullo. Me siento en la mesa y veo a Ángel esta histérico, sin embargo seguro que le sale bien porque el ha estudiado. Antes me ha contado todos los tipos de pistolas que hay pero no le he hecho ni caso, mierda debería haberlo hecho.
No entregan el examen y yo lo veo y ahora no quiero que la tierra me trague directamente me quiero morir, no puede ser esto no se una maldita repuesta. Miro a Ángel de reojo que escribe como un poseso, que cabrón. Ojala pasará algo que evitara que pudiéramos seguir haciendo el examen. Después de un rato oigo que suena la alarma de incendios... ¿eh? que raro.
- Dejen los exámenes tenemos que irnos
No entiendo muy bien que ha pasado pero parece que la suerte me sonríe. Salimos todos pitando sin recoger nada. Nos organizamos en una fila y vamos pasando uno a uno en orden de lista.
- Jolin, vaya mierda me estaba saliendo el examen genial, ¿ que clase de fuerza superiora maligna a organizado este desastre? - Me río mucho por ese comentario. Ángel avece tiene su punto.
- jajajaaja, no seas exagerado el proximo día del examen te volvera a salir bien...
- ¿que eres pitonisa?
-puede que si - Veo como Angel me sonríe y luego me revuelve el pelo. Odio que me hagan eso pero a el le dejo por ser mi amigo.
- Si aprobamos este examen nos quedara poco para pasar ha hacer practicas, rezo porque nos pongan en la misma comisaría, por dios.
- No reces es una chorrada
No creo en dios, me parece que siempre que le he necesitado me ha dado la espalda. Es una tontería rezar o hacer cualquier cosa relacionada con el, dios no existe es solo una excusa para que no tengamos miedo ante el vacío del mundo, algo a lo que agarrarse.
- Es un decir señorita Atea, yo tampoco creo boba.
- Bueno puedes hacer lo que quieras- Le sonrío para no parecer borde.
Todos vamos saliendo de la academia. El profesor nos dice que una de las salas de tiro esta ardiendo en llamas y que nos tenemos que ir hasta que lleguen los bomberos. Nos vamos de la academia.
- ¿Nos vamos a comer a algún sitio? , podemos ir a un restaurante chino!
- ¿ahora a las 10 de la mañana? ¿estas loco?
- Si, vale tienes razón... pues vamos a una tienda de discos a mirar si vemos algo chulo como el nuevo disco de " your reckless depravaty"
- Angel ese grupo es una mierda!
- No, es genial y el cantante es el sueño de toda mujer ¿eh? a mi hermana le encanta joder ojalá fuera yo como ese tío, así la chica que quiero seguro que no pasaría de mi. - Noto algo raro cuando dice eso de alguna manera me siento aludida.
- Desconozco como será ese cantante pero si te soy sincera me da igual, en fin iré a la tienda por ti.
- gracias...
Vamos a la tienda yo no las tengo todas conmigo. Odio ese grupo de música hacen canciones con letras desagradables y la música es ruidosa. ¿por que tiene tanto éxito? Seguro que es porque el chico es guapo. Angel esta mirando los discos.
- Mira este le tengo pero sale el en la portada...
Cuando me enseña la portada me horrorizo. Ay ¿dios que es eso?
- Madre mia pero si esta casi desnudo, normal que venda tanto... - El chico es guapo, no voy a mentir pero vamos que manera de venderse.
- Ya... si
- Ángel ¿tu no serás gay verdad?
- QUE? yo? no joder no me gusta el me gusta su música. - Parece ofendido.
- vale, vale
- tu deberías dejar de ser tan prejuiciosa y escucharle seguro que te gustaría...
- Ni hablar, Dios mío.
El me mira raro-¿estas enfadado?
- No, me voy a estudiar las pistolas.
- pero si ya te las sabes
- Ya bueno voy a repasar.
Veo como se va. No entiendo que le pasa. Joder no entiendo nada, de verdad que aveces me siento muy incomprendida y sola como si este no fuera mi lugar en el mundo y nada me llenara. Salgo de la tienda de discos malhumorada y voy hacia casa. Cojonudo, todo con cara de perro todo el día.
Angeles caídos
domingo, 14 de octubre de 2012
miércoles, 10 de octubre de 2012
La ropa contra el asfalto.
-A mí me gusta-dijo ella apartándose la melena rubio y rizada del rostro y echándose los mechones hacia atrás. Curvó suavemente los labios en una sonrisa de color rubí. Se volvió hacia él y dirigió sus ojos color zafiro hacia su persona- ¿Qué te parece, Clause?
Luzbel levantó desinteresadamente su mirada azul hacia Eloise.
Eloise. Una mortal bella, bella si pasaba por alto todas las imperfecciones que era capaz de ver con solo mirarla de refilón. Una humana al fin y al cabo. No era la mujer mas bella que había conocido pero no era la mas horrible. Tenía un cuerpo cuidado y tenía una estatura por encima de la media que era común en las mujeres en esa época de la evolución humana.
No se molestó en levantarse de aquel sofá de cuero blanco, ni siquiera se molestó en mirar la fotografía que ella había puesto sobre la mesa de su escritorio. Con la espalda apoyada en el respaldo, una pierna cruzada sobre la otra con el tobillo de una pierna apoyado en la rodilla de la otra.
-Está bien-contestó con simpleza.
-¿Bien? ¿Sólo bien?-ella enarcó sus cejas rubias- Está más que bien. Es sexy-aclaró mirándo de nuevo la fotografía.
Sexy. Un término relativamente nuevo en la lengua humana. Luzbel dudaba que una fotografía pudiera llegar a ser "sexy". Sexy es a quien le hacen la fotografía. Sexy es el conjunto de colores reflejados. Pero una imagen impresa en un papel no podía llegar a ser sexy.
Aún así había aprendido que era mejor adecuarse al vocabulario de cada generación. A sus costumbres... para poder "sobrevivir" dentro de la comunidad que el ser humano se esfuerza por crear una y otra vez a lo largo de los años.
-Si tu lo dices-observó como la luz entraba por la ventana en lentos chorros de color amarillento. Una luz cálida de principio de mañana. Una luz luminosa que calentaba y que creaba sombras marrones tras los objetos.
-Sí, lo digo yo. Y yo digo que esta portada es sexy. Ya puedo imaginarme el soponcio que les va a dar a tus seguidoras más acérrimas...-ella siguió exponiéndo su chorreante discurso.
Luzbel simplemente dejó de escucharla. Con el paso del tiempo -de los siglos- había aprendido que no todo lo que salía de la boca de aquellos seres vivos, llamados humanos, era interesante. Escucharles de contínuo era sin duda no solo una perdida de tiempo sino aburrido.
Acarició la textura del cuero descolorido por tóxicos con la yema de sus dedos. Lo sintió áspero, rudo pero reconfortante. Podía sentir también el calor que iba aumentando a medida que la mañana seguía y las ventanas dejaban entrar los rayos de sol sin pudor ni preocupación. Podía oír como la pintura de las paredes se resquebrajaba microscópicamente con el paso de los segundos y también podía escuchar como se estaba formando una gotera en el baño del final del pasillo de aquella planta.
-¿No te gusta?
La voz de Eloise le sacó de su ensoñación momentánea. La miró. Ella le observaba con el ceño levemente fruncido.
-¿Sabes lo que me gustaría?-la dijo con voz grave y alzando su mano hacia ella, invitándola a acercarse.
Ella sonrió y se acercó acompañada por el sonido de sus tacones. Le cogió de la mano. Luzbel pudo sentir como la piel caliente de los dedos de ella se deslizaba en su palma. Estrecho suavemente sus dedos alrededor de la muñeca de ella. Descruzó las piernas y tiró de ella hacía sí para que se sentara sobre sus rodillas. Sin dejar de observarla fijamente.
-¿Qué?-sonrió Eloise sentándose a hojacarras sobre las piernas de Clause.
Luzbel sonrió y se inclinó hacia delante para atrapar los labios de ella con su boca, cerrándo los ojos. Eloise correspondió inmediatamente. Lucifer pudo oler la excitación de ella, sentir como el cuerpo de aquella mortal se calentaba. Podía saborear la saliva de aquella mujer. Menta, dentífrico y carne humana. Podía saborear el lapiz de labios que tenía, incluso podía saber que hacia tres horas se había fumado un cigarro y había tomado un café solo.
Llevo sus manos a los muslos de ella, recubiertos por el áspero tacto del vaquero apretado que vestía. Después de tantos siglos, Luzbel aún echaba de menos las finas y facilmente prescindibles prendas de los años antes del nacimiento del hippi y afeminado hijo de Dios. Los pantalones, en su opinión, para las mujeres no eran nada más que un estorbo. No había nada, a su parecer, más hermoso que unas piernas desnudas de mujer y una falda corta y frágil.
Sí, estaba chapado a la antigua. Hablamos de Lucifer, ¿recordais?
Ella suspiró cuando las manos de Clause desabrocharon el botón de sus pantalones y bajo la bragueta.
-¿Dónde han ido a parar tus faldas?-preguntó Luzbel sensualmente contra la oreja de la mortal.
-No tenía ninguna a mano-se estremeció de anticipación ella.
-Si no tienes faldas vente desnuda-propuso él colándo sus manos grandes y de largos dedos por dentro del vaquero, consiguiendo al fin tocar las nalgas de su manager.
Eloise le agarró de la nuca y cerró los ojos. Lucifer la miró mientras con sus dedos acariciaba la piel caliente y suave que era el trasero de ella. Subió sus manos lentamente hacia arriba y agarró el borde de la camiseta de tirantes de ella. Rozando con las palmas fue subiendola mientras acariciaba la piel de los costados de ella para finalmente desechar la prenda en el suelo del despacho.
-No pantalones-repitió Luzbel empujándola hacia atrás para que se levantara.
-No pantalones-dijo levantandose y quitándose los vaqueros. Los empujó con el pie hacia atrás.
El sonido de la tela contra el suelo golpeó los oídos de Luzbel, chirriante, siseante. Sonrió. Eloise se mordió el labio y volvió a estar encima de él en un instante. La lengua del angel caído lamió el cuello de la mortal degustando el sabor del perfume, el sudor, el tiempo, la suciedad de la ciudad y la carne humana. Ella se estremeció y agarró la camiseta negra que llevaba su cantante y se la quitó sin más preámbulos.
Ah, los humanos. Tan bastos. Tan salvajes. Tan primitivos. Sonrió encantado. Tenían su encanto aquellas diminutas criaturillas.
Se giró lentamente y la empujó contra el sofá, tumbándola. Ella apresuró sus manos y desabrochó el pantalón de él. Satán bajo sus labios por el vientre suave y femenino de la humana, pudiendo sentir las palpitaciones calientes de las entrañas excitadas de ella. Deslizó sus dedos por el borde de la ropa interior y tiro de esta hacia abajo. El sonido de las bragas de su manager contra el suelo fue mas satisfactorio que oír como habían caído sus vaqueros.
El pecado siempre sonada a ropa contra el asfalto.
Luzbel levantó desinteresadamente su mirada azul hacia Eloise.
Eloise. Una mortal bella, bella si pasaba por alto todas las imperfecciones que era capaz de ver con solo mirarla de refilón. Una humana al fin y al cabo. No era la mujer mas bella que había conocido pero no era la mas horrible. Tenía un cuerpo cuidado y tenía una estatura por encima de la media que era común en las mujeres en esa época de la evolución humana.
No se molestó en levantarse de aquel sofá de cuero blanco, ni siquiera se molestó en mirar la fotografía que ella había puesto sobre la mesa de su escritorio. Con la espalda apoyada en el respaldo, una pierna cruzada sobre la otra con el tobillo de una pierna apoyado en la rodilla de la otra.
-Está bien-contestó con simpleza.
-¿Bien? ¿Sólo bien?-ella enarcó sus cejas rubias- Está más que bien. Es sexy-aclaró mirándo de nuevo la fotografía.
Sexy. Un término relativamente nuevo en la lengua humana. Luzbel dudaba que una fotografía pudiera llegar a ser "sexy". Sexy es a quien le hacen la fotografía. Sexy es el conjunto de colores reflejados. Pero una imagen impresa en un papel no podía llegar a ser sexy.
Aún así había aprendido que era mejor adecuarse al vocabulario de cada generación. A sus costumbres... para poder "sobrevivir" dentro de la comunidad que el ser humano se esfuerza por crear una y otra vez a lo largo de los años.
-Si tu lo dices-observó como la luz entraba por la ventana en lentos chorros de color amarillento. Una luz cálida de principio de mañana. Una luz luminosa que calentaba y que creaba sombras marrones tras los objetos.
-Sí, lo digo yo. Y yo digo que esta portada es sexy. Ya puedo imaginarme el soponcio que les va a dar a tus seguidoras más acérrimas...-ella siguió exponiéndo su chorreante discurso.
Luzbel simplemente dejó de escucharla. Con el paso del tiempo -de los siglos- había aprendido que no todo lo que salía de la boca de aquellos seres vivos, llamados humanos, era interesante. Escucharles de contínuo era sin duda no solo una perdida de tiempo sino aburrido.
Acarició la textura del cuero descolorido por tóxicos con la yema de sus dedos. Lo sintió áspero, rudo pero reconfortante. Podía sentir también el calor que iba aumentando a medida que la mañana seguía y las ventanas dejaban entrar los rayos de sol sin pudor ni preocupación. Podía oír como la pintura de las paredes se resquebrajaba microscópicamente con el paso de los segundos y también podía escuchar como se estaba formando una gotera en el baño del final del pasillo de aquella planta.
-¿No te gusta?
La voz de Eloise le sacó de su ensoñación momentánea. La miró. Ella le observaba con el ceño levemente fruncido.
-¿Sabes lo que me gustaría?-la dijo con voz grave y alzando su mano hacia ella, invitándola a acercarse.
Ella sonrió y se acercó acompañada por el sonido de sus tacones. Le cogió de la mano. Luzbel pudo sentir como la piel caliente de los dedos de ella se deslizaba en su palma. Estrecho suavemente sus dedos alrededor de la muñeca de ella. Descruzó las piernas y tiró de ella hacía sí para que se sentara sobre sus rodillas. Sin dejar de observarla fijamente.
-¿Qué?-sonrió Eloise sentándose a hojacarras sobre las piernas de Clause.
Luzbel sonrió y se inclinó hacia delante para atrapar los labios de ella con su boca, cerrándo los ojos. Eloise correspondió inmediatamente. Lucifer pudo oler la excitación de ella, sentir como el cuerpo de aquella mortal se calentaba. Podía saborear la saliva de aquella mujer. Menta, dentífrico y carne humana. Podía saborear el lapiz de labios que tenía, incluso podía saber que hacia tres horas se había fumado un cigarro y había tomado un café solo.
Llevo sus manos a los muslos de ella, recubiertos por el áspero tacto del vaquero apretado que vestía. Después de tantos siglos, Luzbel aún echaba de menos las finas y facilmente prescindibles prendas de los años antes del nacimiento del hippi y afeminado hijo de Dios. Los pantalones, en su opinión, para las mujeres no eran nada más que un estorbo. No había nada, a su parecer, más hermoso que unas piernas desnudas de mujer y una falda corta y frágil.
Sí, estaba chapado a la antigua. Hablamos de Lucifer, ¿recordais?
Ella suspiró cuando las manos de Clause desabrocharon el botón de sus pantalones y bajo la bragueta.
-¿Dónde han ido a parar tus faldas?-preguntó Luzbel sensualmente contra la oreja de la mortal.
-No tenía ninguna a mano-se estremeció de anticipación ella.
-Si no tienes faldas vente desnuda-propuso él colándo sus manos grandes y de largos dedos por dentro del vaquero, consiguiendo al fin tocar las nalgas de su manager.
Eloise le agarró de la nuca y cerró los ojos. Lucifer la miró mientras con sus dedos acariciaba la piel caliente y suave que era el trasero de ella. Subió sus manos lentamente hacia arriba y agarró el borde de la camiseta de tirantes de ella. Rozando con las palmas fue subiendola mientras acariciaba la piel de los costados de ella para finalmente desechar la prenda en el suelo del despacho.
-No pantalones-repitió Luzbel empujándola hacia atrás para que se levantara.
-No pantalones-dijo levantandose y quitándose los vaqueros. Los empujó con el pie hacia atrás.
El sonido de la tela contra el suelo golpeó los oídos de Luzbel, chirriante, siseante. Sonrió. Eloise se mordió el labio y volvió a estar encima de él en un instante. La lengua del angel caído lamió el cuello de la mortal degustando el sabor del perfume, el sudor, el tiempo, la suciedad de la ciudad y la carne humana. Ella se estremeció y agarró la camiseta negra que llevaba su cantante y se la quitó sin más preámbulos.
Ah, los humanos. Tan bastos. Tan salvajes. Tan primitivos. Sonrió encantado. Tenían su encanto aquellas diminutas criaturillas.
Se giró lentamente y la empujó contra el sofá, tumbándola. Ella apresuró sus manos y desabrochó el pantalón de él. Satán bajo sus labios por el vientre suave y femenino de la humana, pudiendo sentir las palpitaciones calientes de las entrañas excitadas de ella. Deslizó sus dedos por el borde de la ropa interior y tiro de esta hacia abajo. El sonido de las bragas de su manager contra el suelo fue mas satisfactorio que oír como habían caído sus vaqueros.
El pecado siempre sonada a ropa contra el asfalto.
M.Q
viernes, 28 de septiembre de 2012
Luzbel -Luz.
La luz era cálida. Amarillenta, anaranjada, rojiza. Luz de amanecer. Mimosa, maternal.
Se reflectaba en los cristales creando una lluvia de colores, desparramándolos por la estancia.
Era otro día más en la gran inmensidad de la creación.
"Monótona creación de Dios. Aburrida creación del Santísimo Padre. ¡Alabado sea Dios y su gran jueguecito llamado Tierra con sus insignificantes hormiguitas llamadas seres humanos y su estúpidas normas repetitivas!"
La taza de porcelana, suave al tacto y pintada a mano en un color amarillento, irradiaba calor contra las yemas de sus dedos y la palma de su mano. Despedía nubes transparentes que subían delante de su rostro, oscilándose y desapareciendo. Dejando el olor a café en su nariz y en la habitación. Un olor fuerte y cremoso. Intenso, con carácter.
Cerró sus ojos azules con lentitud. Sintiendo el placer que le producía hacerlo. ¿Desde hacía cuanto que no dormía? ¿Cuándo había sido la última vez que había decidido descansar? Hizo memoria:
Ah... sí.
Ese día.
23 de mayo de 1430.
Juana de Arco fue capturada por los soldados Borgoñeses en Compiègne y entregada a los ingleses. Sí, recordó que sintió un sentimiento tan agradable que por eso había decidido otorgarse un sueñecito.
Se despertó a finales de 1485 descubriendo para su desagrado que la Inquisición Española había implantado el "Malleus Maleficarum" atacando violentamente a muchas mujeres sospechosas de practicar brujería. Perdió quince hijas en ese ataque psicópata de los seguidores de Dios. Para que luego le echen siempre la culpa a él... Lo bueno es que se enteró de que la maldita puta loca de Arco había muerto quemada en Ruan el 30 de mayo al año siguiente de verla irse con sus amigos los franceses, en 1431. Siempre odió a esa francesa chiflada.
Su piel se erizó suavemente, comenzando por la nuca y bajando por su espalda. Expandiéndose por sus brazos y su pecho. Como una ola de contagio. Un viento frío había entrado por la ventana, golpeando prácticamente de forma imperceptible su sensible piel.
Podía sentir los rayos del sol calentando progresivamente la habitación y su cuerpo. Abrió los ojos y observó el mundo. Ese maldito mundo. Su puta cárcel. Ese castigo divino. Enloquecedor. Simple. Insignificante. Repugnante y vicioso.
Podía oír con claridad desde su piso en el ático de aquel alto edificio en Nueva York que los humanos empezaban a despertar perezosamente. Reprimiendo sus bostezos y estirando sus miembros entumecidos y asquerosamente mortales. Si hubiese querido podría haber hecho callar a toda una manzana de aquella ciudad con chasquear los dedos, haciendo que los miles de ciudadanos cayesen fulminados al instante. Pero no lo hizo. Al igual que no lo hacía ninguna de las mañanas. Porque era ese conjunto de fragilidad, debilidad, repugnancia y simplicidad lo que le conmovía del ser humano.
Eran criaturas terriblemente insignificantes. Eran un virus. Un cáncer en la Tierra que se había propagado por cada órgano y que había decidido explotar al máximo el planeta. Eran una especie enfermiza y egocéntrica. Se creían únicos en el universo. ¿Únicos? ¡Já! Que no le hicieran reír. Que ignorantes. Que prepotencia la que irradiaba el ser humano desde que había podido erguirse sobre sus deformes y peludos pies.
Él les había visto crecer desde cerca y distaban mucho de ser perfectos. Eran imperfectos. De cuerpos defectuosos y con una fecha de caducidad terriblemente efímera. No eran ni un suspiro. Ni siquiera podían llegar a soñar con el apodo de "minúsculo gapo de Dios". No llegaban a ser ni un pensamiento. Ni medio. Ni un tercio.
Y ahí estaban. Se habían hecho dueños del mundo y había progresado, evolucionado, triunfado. Y ahí estaba él. Entre ellos. Desterrado, castigado... como un niño que hubiese metido los dedos en el pastel de frambuesa de su madre antes de tiempo estropeándolo para las visitas.
Se llevó la taza a los labios y bebió el cálido líquido del café. Sintió como éste bajaba por su garganta. Reconfortando su cuerpo. Él no necesitaba nada de eso. No necesitaba comer, ni beber. Pero si tenía que ser sincero era algo que le gustaba hacer de vez en cuando. La experiencia de sabores golpeando su cerebro celestial, chisporroteando en su lengua y quemándole el paladar era... increíble. Uno de los grandes placeres que encerraba aquella locura que era la Tierra. Esa y el sexo. El sexo era uno de sus pasatiempos favoritos y después de siglos y siglos practicándolo... no se cansaba. Bueno, pasó una época en la que comenzó a aburrirle terriblemente... a mediados del siglo XV pero con la llegada de 1700 todo había empezado a adquirir un nuevo grado más interesante.
Se dirigió al cuarto de baño. Algo innecesario para él. ¿El wáter? No era más que decoración. Igual que un florero. No tenía necesidades fisiológicas. La única y última vez en la que había meado había sido en 1124 y había sido para mearse encima de la capa papal de Honorio II. Trastadas que a veces se le ocurrían. Como aquella vez que le dio por crear un terremoto en Shanxi (China) el 2 de mayo de 1568.
Tampoco necesitaba ducharse. No necesitaba en general asearse pero lo hacía. Simplemente por una palabra que explicaba la gran mayor parte de su actitud: Aburrimiento.
Satán simple y llanamente se aburría. Pero no en un sentido que el ser humano es capaz de entender. No. En un sentido incapaz de asimilar. Como entenderéis... desde el nacimiento de Adán y Eva había llovido un par de veces y él había caído a la Tierra antes de eso. Por lo que su estado de aburrimiento no solo era total y completo sino que de haber podido morir Satán habría muerto de aburrimiento mucho antes de que César conociese a Cleopatra en Alejandría. El aburrimiento era algo que se había convertido en una prolongación de él. Por eso hacía miles de cosas terriblemente innecesarias para él. ¿Por qué? Por hacer algo.
Satán llevaba aburrido desde que los dinosaurios habían desaparecido de la faz de la Tierra. La verdad era que los dinosaurios le gustaban más que los humanos. Ojalá hubiese podido guardarse un Triceratops. Seguramente su existencia ahora sería mucho más entretenida.
Abrió el agua de la ducha y dejó que ésta cayese encima de su cuerpo. Humedeciéndolo, mojándolo. Creando ríos transparentes de relieve sobre su piel.
Le habría gustado estar en el mar. Bañándose en el oscuro océano para poder sentir la vida que latía a kilómetros bajo la superficie. En la más completa obscuridad. Arrastrándose por el fondo marino, ciegos e ignorantes al caos que había sobre sus cabezas. Ignorantes de que era ni siquiera la luz.
Las gotas caían contínuas sobre su cabeza, mojando su cabello negro y rizado. Humedeciendo sus tupidas cejas y apelmazando sus pestañas. Recorrían su rostro de rasgos marcados y bellos y bajaban por su cuello con rapidez. Cruzaban su pecho musculoso y saltaban a su vientre para adentrarse en la sexualidad de su cuerpo y perderse en sus torneadas piernas hasta caer al suelo de mármol y perderse por la cañería. Gotas de agua afortunadas.
Al salir recogió una blanca, mullida y sedosa toalla para secarse desinteresadamente el cuerpo. Dejándola caer al suelo con un gesto perezoso de su mano de fuertes y largos dedos. Sus pies golpearon la piedra del suelo con seguridad hasta llegar al dormitorio.
Una estancia amplia. Con una gran cama de sábanas blancas, almohadas mullidas y olor a jazmín, lavanda y hierbabuena. Abrió el armario y observó las prendas de ropa que tenía allí almacenadas. La ropa no era algo a lo que él pudiera cogerle cariño. Las prendas se estropean y se vuelven rígidas y viejas perdiendo color y elegancia.
Eligió la ropa con tranquilidad. Tenía todo el maldito tiempo del mundo, siempre lo había tenido. Se enfundó la ropa interior y los vaqueros rojos, sintiendo la suavidad del tacto aquellos calzoncillos comparado con la aspereza de la otra prenda. Pasó el cinturón de cuero por cada anilla ocasionando un siseo en ellas por la fricción. Una camiseta negra y una chaqueta vaquera. Botas.
Sin duda el mundo occidental cuando piensa en el demonio moderno les llega a su mente a un hombre vestido con un traje negro y con dólares sobresaliéndole de los bolsillos. Pues bien. El traje se lo ponía, habitualmente, pero el dinero lo dejaba a buen recaudo en sus miles de bancos bajo sus miles de nombres falsos.
El sol se había alzado en el cielo un poco más desde la última vez que él lo había mirado. Miró la hora con tranquilidad, sin alterarse lo más mínimo. ¿Qué más da saber que hora es si tienes hasta el Final de los Tiempos?
Luzbel agarró la taza de café, ya frío y le dio un último trago. Lo dejó sobre el piano de cola del salón y sin más desapareció del piso.
MQ.
viernes, 27 de julio de 2012
Katia - La Rutina
Odio los lunes. Si, los odio con todas mis fuerzas me parece sin duda en peor día de la semana. El porqué esta claro, El lunes es un día infernal, tienes que ser fuerte para no tirarte por una ventana al pensar en la semana tan dura que te espera. Pero hay algo que odio aun más que los lunes: Madrugar, no soporto madrugar. No importa que sea lo que tenga que hacer esa mañana lo odio... es horrible me despierto de mal humor y peleada con el mundo. El despertador me despertó y yo empece a gruñir como un posesa y para colmo ¡como no! el clásico mensaje de mama. No necesito saberlo para saber que pone, pone: Buenos diás cielo, hace un sol espléndido, levantare, sal y disfruta o arriba dormilona que no se te peguen las sabanas. Aun así miro el mensaje por si acaso es algo importante. Lo sabia, es lo de siempre...
- Buenos días cielo hace un sol espléndido, levántate, sal y discuta- lo leo con cierto rintintin a causa de mi mal humor. Vamos a ver... aquí hay algo que no me cuadra, ¿no se supone que cuando te independizas es para que tus padres te dejen de dar el coñazo?
Pues parece ser que no llevo 8 meses viviendo sola y mi madre todas las mañanas me despierta con el mensaje del móvil, no quiero ni imaginar a cuanto le sale la puta factura del móvil, joder ¿es que no me pueden dejar en paz?
Supongo que mi madre estará pasando ahora un mal momento un síndrome conocido como el nido vacío. Seguramente le estará dando el coñazo a mi padre pidiendo otro hijo y mi padre se estará negando rotundamente diciendo que con dos tiene bastante. Mi hermano Charlie tiene 3 años más que yo y se independizó también muy temprano ¿misterio?
Me pregunto si a mi hermano también le mandara mensajes. Si, posiblemente.
El móvil vuelve a sonar, leo el mensaje: Tu madre te quiere. Dios mío esto es grave!
Esto no significa que no la quiera, quiero mucho a mi madre, el problema es que ella me sigue tratando como si tuviera tres años y no se da cuenta de que ya no soy una niña y esto nos hace chocar muy a menudo.
Me pongo a desayunar un cafe ,para intentar despertarme de una maldita vez y hacer las paces con el mundo, y una magdalena. Cuando termino de desayunar me doy una ducha pero terminar de espabilarme y me visto. Como de costumbre llaman a mi puerta.
- Hola Katia! Buenos días!
Es mi amigo Angel.
- Hola...
- ¿De mal humor otra vez?
- Mi madre y sus mensajes
- Qué mujer!
- Ya ves
- Te traigo algo para animarte puesto que es lunes- Será la clásica piruleta- Toma- Me entrega un chupachup.
- ¿No había piruletas?
- no, si había pensé cambiar un poco la rutina, hacer siempre lo mismo es aburrido.
- ni que lo digas
Angel me va contando su vida. Me dice que no es capaz de disparar en la cabeza o el corazón del muñeco y que tampoco puede aprenderse todas las pistolas que hay. Puff, a veces desearía que mi vida diría un giro y cambiara por completo, a veces siento que este mundo es demasiado poco para mi, como si no perteneciera a él y viniera de otro lugar pero supongo que es solo una sensación y que no es nada importante. Aun, así... ¿ hay algo que pueda hacer para acabar con esta rutina?
- Buenos días cielo hace un sol espléndido, levántate, sal y discuta- lo leo con cierto rintintin a causa de mi mal humor. Vamos a ver... aquí hay algo que no me cuadra, ¿no se supone que cuando te independizas es para que tus padres te dejen de dar el coñazo?
Pues parece ser que no llevo 8 meses viviendo sola y mi madre todas las mañanas me despierta con el mensaje del móvil, no quiero ni imaginar a cuanto le sale la puta factura del móvil, joder ¿es que no me pueden dejar en paz?
Supongo que mi madre estará pasando ahora un mal momento un síndrome conocido como el nido vacío. Seguramente le estará dando el coñazo a mi padre pidiendo otro hijo y mi padre se estará negando rotundamente diciendo que con dos tiene bastante. Mi hermano Charlie tiene 3 años más que yo y se independizó también muy temprano ¿misterio?
Me pregunto si a mi hermano también le mandara mensajes. Si, posiblemente.
El móvil vuelve a sonar, leo el mensaje: Tu madre te quiere. Dios mío esto es grave!
Esto no significa que no la quiera, quiero mucho a mi madre, el problema es que ella me sigue tratando como si tuviera tres años y no se da cuenta de que ya no soy una niña y esto nos hace chocar muy a menudo.
Me pongo a desayunar un cafe ,para intentar despertarme de una maldita vez y hacer las paces con el mundo, y una magdalena. Cuando termino de desayunar me doy una ducha pero terminar de espabilarme y me visto. Como de costumbre llaman a mi puerta.
- Hola Katia! Buenos días!
Es mi amigo Angel.
- Hola...
- ¿De mal humor otra vez?
- Mi madre y sus mensajes
- Qué mujer!
- Ya ves
- Te traigo algo para animarte puesto que es lunes- Será la clásica piruleta- Toma- Me entrega un chupachup.
- ¿No había piruletas?
- no, si había pensé cambiar un poco la rutina, hacer siempre lo mismo es aburrido.
- ni que lo digas
Angel me va contando su vida. Me dice que no es capaz de disparar en la cabeza o el corazón del muñeco y que tampoco puede aprenderse todas las pistolas que hay. Puff, a veces desearía que mi vida diría un giro y cambiara por completo, a veces siento que este mundo es demasiado poco para mi, como si no perteneciera a él y viniera de otro lugar pero supongo que es solo una sensación y que no es nada importante. Aun, así... ¿ hay algo que pueda hacer para acabar con esta rutina?
jueves, 26 de julio de 2012
Kara - Dejate llevar
La vida en ocasiones puede resultar aburrida y un coñazo y eso para alguien como yo es algo intolerable. No me puedo aburrir... la vida para mi se tiene que basar en la máxima exaltación del placer, en la diversión sin frenos y la manifestación del mal absoluto. Asique si me aburro... ¿tendre que encontrar una manera de evitarlo, no? Si, eso debo hacer. Los libros no me entretienen, siempre hablan de lo mismo y los finales son felices, que manera de mentir a la humanidad. En la vida real las desgracias ocurren en todos lados porque el mal se manifiesta siempre y el bien de vez en cuando. Levaba varios días entretenida con un angelito, puro y estúpido, pero ya he terminado con el. Sus alitas se las han cortado por ser malo y caer en la lujuria,¡pobre angelito!
¿En fin que puedo hacer ahora?
Me empiezo a vestir para salir a dar una vuelta y ver si puedo encontrar a un humano que este algo petable y así me lo pueda follar y después volver a mi casita o... quizá me encuentre con una niña llorando y la pueda aumentar ese dolor. En fin cualquiera de las dos cosas serían perfectas. Salgo de casa tras ponerme una mini falda apretada y una camiseta roja, me encanta el color rojo es tan... sexy y provocador.
Voy andando por las calles y veo en un banco a un hombre de unos 45 años que esta llorando. mmm un hombre madurito, bastante guapo ojos azules y pelo castaño y me siento a su lado.
- No te preocupes encanto todo tiene solución menos la muerte...-le miro con mis ojos oscuros.
-Mi mujer me ha puesto los cuernos...- Es increible como un humano se puede abrir cuando esta echo polvo.
- !Oh! dios mio sera zorra! yo la mataba- Lo digo literalmente, no es una forma de hablar. El humano no dice nada yo le miro con la mirada más sexy que tengo y noto como el desvia la mirada incomodo. Pongo mi mano cerca de su entrepierna.
- ¿Sabes que es lo mejor que podrías hacer?- El me mira con curiosidad yo me acerco a su oreja y le susurro: Devolversela...- El chico parece pensarselo sigo hablándole en su oreja- si no te aprecia, es porque es una idiota, devuélvesela con alguien...- Le miro con intensidad y me acerco levemente a sus labios pero sin tocarlos, es simplemente un acercamiento causado pero que dura una milésima de segundo porque luego me separo. El se ha quedado embobado mirando mis labios y obviamente esa es la idea. Me acerco lentamente a el y le beso juntado mi lengua con la suya. El chico parece intentar oponerse porque se separa de mi, a veces los humanos pueden llegar a ser muy pesaditos. Le susurro en la oreja: déjate llevar y se la muerdo. El chico se estremece de placer yo lo noto.
- Desconecta tu mente...- El madurito se entrega por completo a mi, ahora es mío, y luego si yo quiero seguira siéndolo, pero eso lo decidiré cuando vea cuales son sus cualidades.
¿En fin que puedo hacer ahora?
Me empiezo a vestir para salir a dar una vuelta y ver si puedo encontrar a un humano que este algo petable y así me lo pueda follar y después volver a mi casita o... quizá me encuentre con una niña llorando y la pueda aumentar ese dolor. En fin cualquiera de las dos cosas serían perfectas. Salgo de casa tras ponerme una mini falda apretada y una camiseta roja, me encanta el color rojo es tan... sexy y provocador.
Voy andando por las calles y veo en un banco a un hombre de unos 45 años que esta llorando. mmm un hombre madurito, bastante guapo ojos azules y pelo castaño y me siento a su lado.
- No te preocupes encanto todo tiene solución menos la muerte...-le miro con mis ojos oscuros.
-Mi mujer me ha puesto los cuernos...- Es increible como un humano se puede abrir cuando esta echo polvo.
- !Oh! dios mio sera zorra! yo la mataba- Lo digo literalmente, no es una forma de hablar. El humano no dice nada yo le miro con la mirada más sexy que tengo y noto como el desvia la mirada incomodo. Pongo mi mano cerca de su entrepierna.
- ¿Sabes que es lo mejor que podrías hacer?- El me mira con curiosidad yo me acerco a su oreja y le susurro: Devolversela...- El chico parece pensarselo sigo hablándole en su oreja- si no te aprecia, es porque es una idiota, devuélvesela con alguien...- Le miro con intensidad y me acerco levemente a sus labios pero sin tocarlos, es simplemente un acercamiento causado pero que dura una milésima de segundo porque luego me separo. El se ha quedado embobado mirando mis labios y obviamente esa es la idea. Me acerco lentamente a el y le beso juntado mi lengua con la suya. El chico parece intentar oponerse porque se separa de mi, a veces los humanos pueden llegar a ser muy pesaditos. Le susurro en la oreja: déjate llevar y se la muerdo. El chico se estremece de placer yo lo noto.
- Desconecta tu mente...- El madurito se entrega por completo a mi, ahora es mío, y luego si yo quiero seguira siéndolo, pero eso lo decidiré cuando vea cuales son sus cualidades.
miércoles, 25 de julio de 2012
Arcángel Gabriel
Es uno de los arcángeles junto con Miguel, Rafael y Uriel. Nació junto con los demás arcángeles tras el nacimiento de Luzbel. Su nombre significa "la fuerza de Dios" y es el principal mensajero de Dios en la corte celestial. Su papel dentro del cielo es la vigilancia del Edén junto con su hermano, el arcángel Miguel.
Gabriel es conocido en la religión cristiana ya que fué él quién anunció a María del nacimiento de Jesús -hijo de Dios-. Su papel desde entonces ha sido básicamente el de observador y vigilante. Al contrario que su hermano Miguel sus apariciones en la Tierra son pocas y su protección no se expande sobre la humanidad como la de su hermano Rafael. El papel de Gabriel es mucho más lejano al hombre que el de los otros arcángeles.
Aún así Gabriel es considerado como el ángel de la anunciación, resurrección, misericordia, venganza, muerte y revelación.
Como mensajero celestial, Gabriel tiene una personalidad curiosa pero terriblemente leal a la sabiduría de Dios. Es uno de los pocos arcángeles que es capaz de atreverse y exponer sus más sinceras dudas a los demás ángeles y a su mismo Padre. Aún así sus dudas no traspasan su incondicional creencia y lealtad en Dios.
Gabriel aún se siente fascinado por el hombre y, aun que su trabajo se centre en la protección del Edén, su curiosidad por la naturaleza humana traspasa cualquier anhelo que pueda tener. Cumple con las órdenes que Dios le encomienda pero esto no quita que él mismo se halla creado determinados principios.
El Bien y el Mal son conceptos que, aún hoy en día, Gabriel se cuestiona con frecuencia.
Gabriel es conocido en la religión cristiana ya que fué él quién anunció a María del nacimiento de Jesús -hijo de Dios-. Su papel desde entonces ha sido básicamente el de observador y vigilante. Al contrario que su hermano Miguel sus apariciones en la Tierra son pocas y su protección no se expande sobre la humanidad como la de su hermano Rafael. El papel de Gabriel es mucho más lejano al hombre que el de los otros arcángeles.
Aún así Gabriel es considerado como el ángel de la anunciación, resurrección, misericordia, venganza, muerte y revelación.
Como mensajero celestial, Gabriel tiene una personalidad curiosa pero terriblemente leal a la sabiduría de Dios. Es uno de los pocos arcángeles que es capaz de atreverse y exponer sus más sinceras dudas a los demás ángeles y a su mismo Padre. Aún así sus dudas no traspasan su incondicional creencia y lealtad en Dios.
Gabriel aún se siente fascinado por el hombre y, aun que su trabajo se centre en la protección del Edén, su curiosidad por la naturaleza humana traspasa cualquier anhelo que pueda tener. Cumple con las órdenes que Dios le encomienda pero esto no quita que él mismo se halla creado determinados principios.
El Bien y el Mal son conceptos que, aún hoy en día, Gabriel se cuestiona con frecuencia.
lunes, 23 de julio de 2012
Delilah, el Ojo de Dios
Todo comienzo necesita un observador que lo recuerde y Delilah junto con Luzbel, Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel contempló la creación del universo y de la Tierra. Delilah solo fué creada por una razón: Para ser el Ojo de Dios y recopilar cada instante de la evolución de la obra de su Padre.
No esta dentro de los círculos angélicos conocidos y solo los arcángeles y Luzbel conocen de su verdadera existencia pues Delilah no se muestra ante los demás ni se relaciona con ángeles más inferiores -a penas se relaciona con los que conocen de su existencia si no es estrictamente necesario-.
Es un ángel de caracter cerrado y silencioso. No se expresa con palabras a no ser que sea terriblemente necesario puesto que su naturaleza no es como la de los demás angeles. Al contrario que los demás ángeles, nunca ha experimentado las emociones. Como buena observadora que es, es neutral.
Ella no nació para existir y disfrutar de la gloria de Dios sino para ser una observadora neutral y recopilar cada instante. Su mente es un enrevesado mapa de imagenes y hechos acontecidos en la creación. Desde el Big Bang hasta este mismo instante. Es capaz de ver todo a la vez. Su mente se expande por todo el universo y aunque no tiene un poder superior a Luzbel y los arcángeles si lo tiene a los demás angeles.
Aún así nunca necesita usar ese poder del que los grandes angeles hacen muestra, ella es el eslabón anónimo de la escalera celestial. Situada junto con los grandes pero oculta entre el resplandor de Dios.
El poder de Delilah se expande más allá que el de ningún otro angel -en un ámbito espiritual psíquico-. Es en realidad una prolongación del mismo Dios. Es su memoria. Diciendolo en la jerga actual: es el disco duro de la corte celestial. Delilah nunca ha salido del cielo y Dios la guarda a buen recaudo pues quien controle a Delilah, controla la información de la que Dios depende. Es, en realidad, la mayor arma de Dios y su mayor talón de Aquiles.
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